AS MÃOS
Miro en el alba mis manos,
miro en las manos las venas;
con extrañeza las miro,
como si fueran ajenas.
miro en las manos las venas;
con extrañeza las miro,
como si fueran ajenas.
Una pelea de perros no tiene porqué ser algo demasiado artístico, pero puede además guardar el germen de un pequeño infierno. Tragedia, que no comedia.
El de mayor tamaño era también el mas torpe y el menos experimentado. De su oponente baste decir que vive en la calle, lo que compensa con creces su escuálida figura. Yo salgo del supermercado, tranquilo, satisfecho de mis compras (siempre es un placer llevar pan y leche en la mochila) y me encuentro con el improvisado coliseo en plena calle. El David de la historia propina certero, único y sangriento mordisco en la mano de nuestro ingenuo Goliat. El rojo es escandaloso dicen las señoras en Bogotá, tienen razón: el rojo, unido a la terquedad del verdugo hicieron parecer horas lo que seguramente no duró mas allá de unos pocos minutos. Un hombre grita excitado a mi lado, disfruta. En la acera de enfrente una niña llora y yo solo atino a ofrecer parte de mis magras existencias alimenticias, para burla del perro y de mi vecino. El perro de mi vecino. Saldo final: menos una mano.
Esa noche leo en este sitio que un joven de dieciocho años pierde y recupera en cuestión de horas una de sus manos. Acá el asunto no es menos prosaico y las protagonistas son una riña callejera y una arma blanca. La nota de prensa hace énfasis (de manera adecuada) en la parte positiva de la historia: el avance de la medicina, la labor rápida de la policía y de las personas que movilizaron al paciente, en suma: la buena estrella después de la mala estrellada. Pero en mi cabeza permanece la imagen de la mano hinchada, remendada, vulnerada.
Un conocido humorista colombiano recontaba sus dedos después de saludar a los políticos, funcionarios públicos, abogados y reinas de belleza que solía entrevistar. Por esa razón cuando murió (asesinado) llevaba consigo los diez de la dotación original.
Las manos son desde siempre símbolo de las contradicciones humanas. Caricia y golpe. Mano que ofrece y tambien palma que bate. La mano saluda y derriba. Un gesto de un puño puede acalorar una multitud en un estadio o dirigir una orquesta en un palco. La mano orienta el pincel y maneja la daga. Hiere y sana. Como el arte, como el amor.
Una mano puede tener callos, cicatrices, huellas de la vida, pero casi con toda seguridad ha de llevar en su cara interna la letra M: la de mamá, la de mother, la de mãe, la de mère, la de mutter. Mimamámemima.
Pienso en Durero. Sus maltratadas y doloridas manos que oran. En ellas, las marcas del trabajo en la tierra y la oración que no es otra cosa que un intento de forzar las puertas del cielo. Una suerte de chantaje emocional con el gerente de ese blanco establecimiento. En el cielo la gente tiene las manos frías.
Pienso en Serrat que nos recordó la belleza de las sombras chinesas. Nunca fui muy hábil en esas artes, por eso mis sobrinos solo pudieron disfrutar del perro y la paloma. Ya en el conejo se notaba demasiado la farsa. Pero quedaban las risas. Y los abrazos. Que buen concierto fue ese, se acuerda Schweitzer?
Pienso en Borges cuyas manos se pasaron media vida escribiendo. Y la otra media acariciando libros y apretando un báculo con nerviosismo evidente. Con violencia. Con miedo.
Los montañistas y caminantes cuidan especialmente la temperatura de sus pies, es natural, les preocupa la salud del cuerpo. Pero una vez a salvo siempre se frotan las manos: una señal para el alma, el informe de que todo va bien. Como cuando vamos a disfrutar de un goce, una comida o una buena película. Yo me froto las manos cuando prendo el computador o abro el chuveiro. O un libro.
Los bebés tienen huequitos en los nudillos de los dedos. Los viejos tienen pecas. Eso es la vida: la lenta transformación de un espacio de aire en un color. La huella a cambio de la nada.
Siempre me acuerdo de las manos. Mi abuela tiene las uñas con rayitas, mi mamá las tiene con punticos. Yeimy tiene sus manos gorditas y tiernas como ella. Las de mi hermano desconocen el miedo y por eso se accidentan mucho, y se manchan: mi hermano tiene las manos de colores. Las de mi padre se parecen a las mías, y así no les veo mucha gracia, me las se de memoria. Santi las tiene larguiiiísimas (como las de su mamá), me dicen que tambien él va por ese camino. Luz Dary no necesita cuidárselas, son bonitas porque si. Chiripa tenía las manos acolchonadas, grandes. Y se dejaba mirar las uñas. Pero Chiripa ya se murió.
Es curioso que digital signifique hoy avanzado, en tanto que manual se asocie con anticuado, obsoleto, caduco. El todo en este caso es menor que la parte.
Y así nos va.
Un conocido humorista colombiano recontaba sus dedos después de saludar a los políticos, funcionarios públicos, abogados y reinas de belleza que solía entrevistar. Por esa razón cuando murió (asesinado) llevaba consigo los diez de la dotación original.
Las manos son desde siempre símbolo de las contradicciones humanas. Caricia y golpe. Mano que ofrece y tambien palma que bate. La mano saluda y derriba. Un gesto de un puño puede acalorar una multitud en un estadio o dirigir una orquesta en un palco. La mano orienta el pincel y maneja la daga. Hiere y sana. Como el arte, como el amor.
Una mano puede tener callos, cicatrices, huellas de la vida, pero casi con toda seguridad ha de llevar en su cara interna la letra M: la de mamá, la de mother, la de mãe, la de mère, la de mutter. Mimamámemima.
Pienso en Durero. Sus maltratadas y doloridas manos que oran. En ellas, las marcas del trabajo en la tierra y la oración que no es otra cosa que un intento de forzar las puertas del cielo. Una suerte de chantaje emocional con el gerente de ese blanco establecimiento. En el cielo la gente tiene las manos frías.
Pienso en Serrat que nos recordó la belleza de las sombras chinesas. Nunca fui muy hábil en esas artes, por eso mis sobrinos solo pudieron disfrutar del perro y la paloma. Ya en el conejo se notaba demasiado la farsa. Pero quedaban las risas. Y los abrazos. Que buen concierto fue ese, se acuerda Schweitzer?
Pienso en Borges cuyas manos se pasaron media vida escribiendo. Y la otra media acariciando libros y apretando un báculo con nerviosismo evidente. Con violencia. Con miedo.
Los montañistas y caminantes cuidan especialmente la temperatura de sus pies, es natural, les preocupa la salud del cuerpo. Pero una vez a salvo siempre se frotan las manos: una señal para el alma, el informe de que todo va bien. Como cuando vamos a disfrutar de un goce, una comida o una buena película. Yo me froto las manos cuando prendo el computador o abro el chuveiro. O un libro.
Los bebés tienen huequitos en los nudillos de los dedos. Los viejos tienen pecas. Eso es la vida: la lenta transformación de un espacio de aire en un color. La huella a cambio de la nada.
Siempre me acuerdo de las manos. Mi abuela tiene las uñas con rayitas, mi mamá las tiene con punticos. Yeimy tiene sus manos gorditas y tiernas como ella. Las de mi hermano desconocen el miedo y por eso se accidentan mucho, y se manchan: mi hermano tiene las manos de colores. Las de mi padre se parecen a las mías, y así no les veo mucha gracia, me las se de memoria. Santi las tiene larguiiiísimas (como las de su mamá), me dicen que tambien él va por ese camino. Luz Dary no necesita cuidárselas, son bonitas porque si. Chiripa tenía las manos acolchonadas, grandes. Y se dejaba mirar las uñas. Pero Chiripa ya se murió.
Es curioso que digital signifique hoy avanzado, en tanto que manual se asocie con anticuado, obsoleto, caduco. El todo en este caso es menor que la parte.
Y así nos va.


6 Comentarios:
Bom, acho que agora vou perdoar você.
Beijos,
D.
He re-leido con muchisimo entuasiasmo.
Termine y me mire las manos, que raro que siempre han estado ahi y nunca le di excesiva importancia, supongo porque ellas estan acostumbradas a mi y yo a ellas. Y ahora las estimo más. las mismas con cicatrices, algun lunar, y tan blancas que dejan asomar el color de la vena.
Al final de todo me doy cuenta de que acabamos por no dar importancia a las cosas que realmente la tienen porque siempre han estado ahí y no nos percatamos que puede ser, que cualquier día, se nos escapen.
Lindo de verdad este escrito.
Besos y abrazos mil.
Claro que me acuerdo, un concierto cuidadosamente calculado para ser una vivida obra de arte...
saludo eyder. he vuelto a la órbita de la letra. ahora ando en pereira. ya sabe, visitando los míos.
saludo scwheitzer.
apenas un par de días que instalé internet en la casa.
un abrazo con manos...
Tengo un recuerdo nítido de sus manos asombrándome con la cinta de Moebius.
Beijos (ji,ji, ji...)
Que bueno que aparezca. El anonimato, dicho sea de paso, en este caso no funciona.
Déjeme saber de usted.
Abraços
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
Vínculos a esta publicación:
Crear un vínculo
<< Página Principal