A MINHA MORTE
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
César Pavesse
En un vaso de cristal mezcle cincuenta centímetros cúbicos de agua pura con una cucharada de vinagre, un poco de azúcar, una aspirina y una pizca de pimienta negra recién molida. El resultado será un líquido de aspecto turbio pero no desagradable. Bébalo tibio, repito porque es importante para el resultado final: tibio. A oscuras y en silencio. A solas.César Pavesse
Usted acaba de sentir el gusto de la muerte. Su aroma (no hay metáfora, aroma stricto sensu), su cuerpo, su color, su olor, su textura. Lo digo con la autoridad que da la experiencia.
Mi nombre es (era) Sebastián. Nací en Concepción, Chile, en mil novecientos setenta, y mi muerte se produjo en la misma ciudad exactamente treinta y un años después. Fue suicidio, fue simple, no fue dramático. El relato de las circunstancias en abstract y en primera persona, y una explicación de porqué ese relato es posible, son la justificación de esta nota.
Mi infancia transcurrió en medio del fuego y al parecer eso me dibujó el carácter. Al menos así opina Sigmund, que "vive" cerca y con quien he trabado algo parecido a una amistad. Él, como se sabe, en su paso por el planeta desarrolló no se que difusas teorías sobre los sueños y los recuerdos, que parecen explicarlo todo por los acontecimientos de los primeros dos o tres años de vida. La madre, la frustración, el deseo, el inconsciente. El resto son corolarios. Y literatura.
Temprano (ocho, nueve años) conocí la lectura, que junto a las mujeres, el alcohol y el trabajo conforman el vulgar inventario de mis adicciones. Mi primer libro completo, sin ilustraciones ni colores, fue "La Metamorfosis". Juzgué que era el adecuado, por su discreto tamaño y su humilde título. No fue ciertamente una buena valoración. Así, a tientas, sin orientación, dando palos de ciego transcurrió mi vida literaria. Y también la otra. La de los relojes y los supermercados. La del cine semanal y el corte de pelo mensual. La del día y la noche alternados, ordenados, previsibles. Perversos.
Me formé en ciencias económicas en la ciudad de Curitiba, Brasil. Ignoraba entonces la importancia (futura) del idioma que me regaló a Pessoa y a Guimarães, que me llevó a Elís y a Tom Jobim. Que me dio una segunda oportunidad no sobre sino después de la tierra.
Regresé un año después de graduarme. Había ensayado sin éxito el trabajo en el Brasil. La vida, el amor. Había buscado la tranquilidad en aquella ciudad que tan bien combina la sangre del trópico con el orden y la flema de Chile. No perdí estruendosamente pero mis días eran un monótono, gris, inútil, eterno empate. Por eso volví. Y también porque el personaje aquel ya no estaba. El asesino de las charreteras.
Pero mi país, productor de vinos y poetas, de músicos y militares, de curas derechistas y monjas ultraderechistas, mi país digo, no trata bien a sus hijos. El proverbial diminutivo en nuestro acento no es el reflejo de un amor o el resultado de una nostalgia. Es si, la expresión del miedo, la diagonal que huye de la verdad, el eufemismo. El circunloquio. Eso somos.
Acá ocurre un paréntesis: dos o tres años grises, trabajos subalternos en frías instituciones, consultorías, universidades. Tedio.
Un hombre llega a un bar un día cualquiera. Allí encuentra un borracho que con gran despliege de histrionismo y autocompación habla de sus miserias, de la ruina económica, de la precaria salud, del amor no correspondido y de como todo esto justifica la idea de acabar con su existencia. El recién llegado que desprecia tales manifestaciones, responde: suicidarse es fácil. Reglón seguido saca de su bolso un revólver y se hace un certero disparo en la boca. Esta historia, ocurrida en el sur de Argentina, me llevó a pensar en las acciones sin causas, sin motivos aparentes, porque si. Los eventos que solo responden al impulso, al acaso. La negación del silogismo.
Occidente ha sobrevalorado la razón, cuyo sueño máximo es desentrañar las "causas de las cosas", explicarlo todo, acabar con las preguntas, con el misterio y en últimas predecir el futuro, ejercer control y proscribir la magia. Estas triviales reflexiones, me sirvieron de apoyo para decidir el fin de mi no menos irrelevante vida. Insisto, no hubo tragedias, no hubo depresión o malditos poetas (aunque leí si, a los poetas malditos: Baudeliere y los de su clase). No. El mío fue un caso de suicidio espontaneo. Si le creyeron a Darwin el cuento de la generación espontanea, porqué a mi no. Queda fuera entonces el pleonasmo de la lágrima.
Ese día almorcé bien, fui invitado, era mi cumpleaños. Salmón, ensalada, vino, torta holandesa. Trabajé poco, en la tarde-noche caminé, compré un libro, compré un disco. Alguien ahora lo lee, alguien ahora lo escucha. Eran las diez de la noche cuando entré en el cuarto. Hice una o dos llamadas, nadie respondió. Chile duerme temprano. Terminé Budapest. Quería oír música, intenté Chopín, intenté Brahms, intenté Vila Lobos, no resultó. Me acosté, conseguí no pensar. La jarra de agua y las pastillas estaban sobre la mesa.
Mis últimas ideas fueron en portugués, mis últimos pensamientos, las emociones finales también. Por eso no puedo ahora repetirlos. Esa lengua ha sido desplazada de mi memoria. Sin embargo es ella la responsable de estas pobres líneas. En efecto, mi muerte se produjo en portugués, pero solo murió mi cuerpo (mis manos y mis ojos ya fueron aprovechados por el suelo), mis recuerdos y mi voz están intactos. Ellos nacieron en castellano y de ese modo deberán morir. Ese pequeño tránsito por o maior pais do mundo me salvó del olvido total, de la desaparición, de la nada. Debo a ese bello y perezoso idioma la oportunidad de continuar como ente de ideas, como memoria en el aire, como sueño verbal. Siempre es bueno ahorrar, y yo tenía de reserva a Cervantes.
En el fondo lo que perdí es adjetivo, secundario. Gané en cambio levedad, esencia, pureza. Ahora en mi inmaterial condición me dedico al francés, mi maestro (René) comparte conmigo sus metódicas ideas. Nunca se sabe lo que pueda ocurrir.


4 Comentarios:
Me impresionó, me llegó, me golpeó, me emocionó y se fue...
Me siento gratamente afortunado de leer "laletra".
Las ideas, la emoción, la suspicacia, la forma, el estilo,la elegancia.
Todavia me estoy recuperando, sabia que escribias, pero no que te lo tomabas tan en serio. Me gusto muchisisisisimo.
Que puedo decir,... abrazos y besos.
chao.
Llegué ayer y me sorprendió. Me fui silenciosa. Esta mañana he vuelto, pero por muchas veces que lo deguste, me queda un sabor extraño... el sabor, entiendo, de lo que te impacta y después te llaga un poco, te levanta....
y así sin mas, te conviertes un poco en levedad y un poco en esencia.
Besos y abrazos mil
Un ligero escalofrio, los musculos se aflojan y hasta cuesta trabajo respirar... eso despues del primer parrafo.
Despues de los otros, es dificil sentir, ... es muy bueno... hay que volverlo a leer, es un escrito impredecible respecto a los anteriores.
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
Vínculos a esta publicación:
Crear un vínculo
<< Página Principal