viernes, enero 06, 2006

INSTANTÁNEAS


El keniata llegó segundo. Cada paso debía medir unos cuatro metros a una velocidad que mas parecía la de largada que la de llegada. Pero su cara estaba triste, sus ojos amarillos no sonreían. Subcampeón en San Silvestre, una derrota.

Adriana entra en la sala principal del MASP, (Museo de arte de São Paulo) observa que un Cézanne está torcido e intenta llevarlo a la tradicional ortogonal con el piso. Un guardia interviene y se escucha la palabra salida. No debería haberme reído. Afuera llueve -chuvas de verão- y el agua lo resuelve todo. Por primera vez en nuestras conversaciones aparecen las letras: f u t u r o . En ese orden.

Bebidas: Concha & Toro, Santa Helena, Bohemia, Serramalta, Skol, Jugo de naranja, Leche, Agua, Café, Smirnoff, Cocacola, Almaden, Queso (ya se, ya se, el queso no es una bebida,... pero debería).

Lecturas: A insustentável leveza do ser (Kundera), Ensaio sobre a cegueira (Saramago), El mal de Montano (Vila-Matas), Uma temporada no inferno (Rimbaud).

Cine: Vinicius, Flores Partidas, Maria Bethânia: Musica é perfume, Os segredos do amor, Reis e rainhas, Tapas, A passagem, O jardineiro fiel, Cidade baixa.

Acabó. La próxima semana de nuevo serán los signos, y el agua, y el café, y el ónibus circular, y el bandejão, y el abuso de la internet y de la noche. De nuevo el insomnio, mi amigo.

Rico.

miércoles, enero 04, 2006

SONHO DE UMA NOITE DE VERÃO

Sou o insensato que se aferra
ao mágico som de teu nome.

Adriana.

Penso com saudades no passado,
com alegria no presente
e com medo no futuro

Embaixo do indiferente cinza do céu
esta meditação é um consolo.

La fora chove,
vo
dorme e eu sonho acordado:
sonho sem sono.

A minha noite.

viernes, diciembre 16, 2005

DIEZ PALABRAS

Es claro que a los lectores de laletra les interesan las palabras. De ahí este mini-post para reseñar una bonita idea. Simple y buena. Dedíquele un par de minutos y ayude a mejorar la colección,... bueno, si quiere.

Estas son las mías:

Bribón
Ataraxia
Mejilla
Trémulo(a)
Pepinillo
Ufanía
Palabra
Sexo
Trebejo
Abismo

viernes, diciembre 02, 2005

FIN DE AÑO (DISIDENCIAS)

Vivir cuesta arriba cuesta. No hay felicidad sin rescoldo. Ni conciencia sin sudor. Ni alquimia sin ceniza. Ni paraiso que no tenga su serpiente. No se encarna con impunidad el poeta. Estos días catastróficos y ultraístas no sienten necesidad de visionarios porque tienen TV. Los hombres modernos no necesitan las gracias de la revelación. Ya se les conceden quince días de vacaciones cada año.

miércoles, noviembre 30, 2005

FUERZA DE VOLUNTAD



D
ice el médico que debo anular el café, evitarlo, olvidarme de él. Está completamente loco. Me echa todo el discurso de la buena salud, la necesidad de dormir (tres horas diarias le parece muy poco), hacer deporte, cero licor, controlar el
stress, comer con horario y de forma sana: bajo de sal, de grasas, de azúcar... en resumen pretende que me transforme en Gandhi.

Después de complejas negociaciones (practicamente le ruego) acaba cediendo: una taza (pequeña) de café en las mañanas. Peor es nada.


Salgo cansado de la consulta, los hospitales no son un buen lugar para iniciar el día, hace frío, cae bien un cafecito, el primero de los dos autorizados. Bien oscuro por favor, sin azúcar. Y grande. Nueve y media, ya no alcanzo a desayunar.


Sara no puede creerlo, llevaba semanas aplazando la cita, mi alergia a los médicos es apenas superada por la que me producen los odontólogos: solo nombrarlos me genera urticaria, sudores. Gano invitación a almorzar como premio a mi buen comportamiento. Lo merezco. Mientras llega la hora vamos a trabajar, y buehh... café (caramba ya voy por el segundo de los tres diaros, que difícil es cambiar de hábitos!).

Mi almuerzo refleja las mudanzas: ensalada de todos los colores (me siento devorando un cuadro de Joan Miro), peixe grelhado, batatas al vapor, arroz doce (sin doce) y jugo de maracuyá en leche de soya. El pescado produce sueño lo cual no es muy oportuno a las dos de la tarde, solución simple: café, el penúltimo, no es fácil limitarme a cuatro pocillos en un día pero lo prometí y yo siempre cumplo mis promesas.

El ambiente de fin de año ya es un hecho, imposible evitarlo. Yo por mi parte no paro pero disminuyo la marcha, en la tarde-noche queda bien un cine, puede ser acá. Llego temprano y mientras hago fila aparece el señor del tinto* cuyo ofrecimiento se parece a los de Vito Corleone: imposible de rechazar. El cuarto del día, ahora solo queda el de la noche. Parece mentira que solo vaya a beber cinco.

Antes de irme a descansar reviso correos para lo cual es menester una bebida caliente, oscura, aromosa y preferentemente de origen colombiano. Creo que será el último de hoy, que bien! solo cinco, ni siquiera alcancé el límite que me fue impuesto, y eso que cuando oí siete me pareció poco. Es que a veces uno se predispone contra las normas. A este paso cabe ser optimista, ya era hora de pensar en mi salud. Si logro mantenerme en ocho dosis diarias de cafeína creo que mi cuerpo lo agradecerá.

Y si, usted leyó bien: nueve, dije nueve cafés por día. Aunque entrados en gastos digamos que la decena es una buena medida, diez es el número.

Faltaba mas que a estas alturas yo no conociera el valor de la palabra empeñada.

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* En Bogotá un tinto es un café negro, por contraste con el café con leche que se llama así: café. Aclaración necesaria para quienes entienden que un tinto es un vino (estamos, Raquel?).

lunes, noviembre 28, 2005

SÓ PARA VOCÊ

Para Sara, que vio dos amaneceres en un día.

Quando o segundo sol chegar
para realinhar as órbitas dos planetas
derrubando com assombro exemplar
o que os astrônomos diriam se tratar
de um outro cometa

Não digo que não me surpreendi
Antes que eu visse, você disse
E eu não pude acreditar

Mas você pode ter certeza
que seu telefone irá tocar
Em sua nova casa
que abriga agora a trilha
incluida nessa minha conversão

Eu só queria te contar
que eu fui lá fora e vi dois
sóis num dia
e a vida que ardia
sem explicação

Sem explicação
não tem explicação.

Nando Reis

jueves, noviembre 10, 2005

EL APETITOSO SEÑOR TSUKINO

A Chiripa, que no comía gente
A mi realmente no es que me haya afectado mucho, pero de todas formas fue traumática para los vecinos la muerte del japonés. Y más que el hecho, las circunstancias. No todos los días oye uno que a un señor se lo come su propia mascota. Shir, se llama el gato, y su nombre (sugerencia mía) podría tener importancia en todo este asunto.

A mediados del año pasado Marcia llegó con el gatito, bellísimo. Como ocurre en estos casos sus ojos aún no habían definido el color, pero su pelaje era abundante y de un intenso amarillo, parecía de felpa. Alguna vez habíamos hablado de mi afición por los felinos, le conté en esa ocasión mis agridulces experiencias con los mininos. Le hablé de Chiripa y su increible salvación después de verle la cara a la muerte, le hablé de Niña, de su crisis de identidad (al comienzo se llamaba Niño) y su triste final, le hablé de la época en que mi casa era principalmente habitada por gatos que nos tenían a los humanos de huéspedes-mascotas. Le hablé de hábitos, de juegos, de malabares y astucias varias.

Esas apretadas y -después lo supe- clandestinas lecciones de manutención gatuna dieron sus frutos. Recibí el privilegio de elegir el nombre del recién llegado. El menú de sugerencias incluía desde el muy entrañable Paco, hasta el azucarado Borona. Los dueños prefirieron sin embargo el mas internacional y elegante Shir. Sospecho que ese fue el comienzo del fin.


El señor Tsukino nunca me simpatizó mucho. Nunca fuimos amigos. En realidad al final de sus días no me dirigía la palabra. Tenía sus razones además.

Usagi Tsukino (que en japonés significa conejo de la luna) había llegado como tantos compatriotas suyos en la posguerra,
siendo apenas un niño. Su formación sin embargo guardaba todas las tradiciones de oriente, lo que era notorio en sus rasgos esenciales: una disciplina a prueba de balas (al momento de su muerte tenía dos doctorados -Física y Literatura Brasilera- y se encontraba realizando una investigación sobre los efectos nocivos de los eclipses en la prosa del hemisferio sur); su machismo algunas veces verdaderamente irritante (las violentas discusiones con su esposa eran plato semanal); su gusto por las ceremonias y los ritos; ese silencio común en los japoneses, que no sabemos si se debe a prudencia, timidez, melancolía, o a una mezcla de todas ellas. Su constante fe en una vida de ojos abiertos.

Ahora que lo pienso, mis juicios (prejuicios) sobre él nunca fueron muy equilibrados. Incompatibilidad de caracteres. Compatibilidad de intereses. Coincidencia de intereses. Marcia.

Todavía recuerdo aquella tarde en que al llegar a casa fui sorprendido por el maullido (que en realidad era un rugido) de Shir. Marcia, contrariando todas las indicaciones insistía en vestir al animal, con el argumento simple de que se ensuciaba mucho. Este, por supuesto no estaba dispuesto a ser el hazmerreir de su especie. Lo anterior unido a la "pobre" ración alimenticia (apenas tres platos de concentrado para gatos, media libra de carne molida y un litro de leche por día) lo tenían realmente enojado. Al final logré convencer a la señora Tsukino de renunciar a sus planes fashion y aporté unas lonjas de jamón que tenía en mi nevera. Conseguimos tranquilizarlo. Acababa de cumplir dos meses de edad.

La semana pasada recibí por e-mail un mensaje de los editores de elmalpensante, informándome, o mejor dicho recomendándome la lectura de un texto hecho por una médica colombiana que trabajó durante diez meses en Afganistán. Natalia Aguirre Zimerman es una gineco-obstetra paisa que trabaja con la ong médicos sin fronteras, en su versión francesa. Como parte de sus labores, Natalia fue enviada a la ciudad de Kabul con la misión de crear allí unas clínicas especializadas en atender partos. Durante esos trescientos días se comunicó con sus familiares y amigos por medio de correos electrónicos que alimentaba con sus experiencias del día a día, y con fotos que ilustraban sus textos. El resultado fue publicado como una especie de dossier en la revista citada. Se trata de unas lineas plenas de sinceridad, dramatismo, generosidad y sentido del humor, aunque distan mucho de estar bien escritas. Las devoré en un par de horas, y de entre sus muchas anécdotas me quedó sonando un dato aparentemente secundario: Shir en idioma afgano o pashtu significa león.

Shir adquirió rápidamente rasgos físicos que no se correspondían con los de un gato. Sus padres son (Shir fue donado en la clínica veterinaria de la universidad donde estudio, de modo que fue fácil hacer la pesquisa) dos gatos persas de tamaño regular, por lo que resulta difícil explicar la metamorfosis de nuestro amigo. Vale decir además que su apetito adquirió niveles de pesadilla. Por suerte nunca falta un carnicero buena gente. Treinta kilos de carne era el consumo promedio diario cuando pregunté hace un par de meses. El señor Tsukino debía pesar el doble de eso. La gula no es exclusiva de los seres humanos.

Mi tesis es tanto indemostrable como irrefutable. Basta revisar los hechos. Yo afirmo que el nombre asignado a una mascota (o a una persona) puede influir de diversas maneras en su futuro desarrollo. Las letras no son inocuas. Shir iba a ser un gato, pero las circunstancias no se lo permitieron. Los astros conjuraron en contra de ese destino inicial. El hecho de ser llamado león (en otra lengua, pero eso es accesorio), así como la coincidencia (¿existen las coincidencias?) de que su amo llevara el apetitoso nombre de conejo de la luna, fueron su perdición. Ahora espera su destino en una vulgar jaula, como cualquier ejemplar de zoológico. Me temo que los policías y demás funcionarios no estén muy dispuestos a oír mis difusas teorías.

El mundo no entiende. El mundo nunca entiende.

miércoles, noviembre 02, 2005

LLUVIA, HACES Y PANDAS

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve,
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.
J M Serrat
La lluvia en la ventana es como el llanto en los ojos. Mejor: como los ojos después del llanto. Ese tiempo cuando no han sido secados aún, tenemos todavía aquel velo en la mirada. El mundo tiembla. La asepsia no se ha hecho presente, el pudor y el pañuelo: esas dos feas palabras. Después nos lavamos la cara: agua para apagar las huellas, agua para limpiar las lágrimas. Agua, para borrar el agua.

Llueve. São Paulo llora. Que bien que mi ventana (el singular es justo) carece de verguenza. Es lindo ver el llanto en ella, largamente, tranquilamente, aos poucos. Ver llover a fuego lento tranquiliza el alma, aclara la mirada y abre el espíritu. Y la mente.

Hoy conseguí mostrar que basta considerar estructuras existencialmente cerradas para el asunto de los ultraproductos en modelos-haces. Una obviedad, parece, pero sin la lluvia, sin la compañia de ese canto, sin el murmullo insistente, continuo, constante, fiel de la lluvia, habría sido más difícil. Demasiada carpintería, muchos dibujitos. Muuuuchos dibujitos en blanco y negro.

Qué bella es la matemática!.


ENTRETANTO. En el zoológico de San Diego nació hace unas semanas una osita panda. Si quiere ver su día a día, puede hacerlo aquí; es rico porque están decidiendo el nombre y usted puede votar. Tiene además un album con fotos que muestran su desarrollo. La vida se impone.

domingo, octubre 30, 2005

MAIS UM DOMINGO

«¿Regresará Dios cuando su creación esté destruida?», se pregunta Elías Canetti. No lo sé, pero soy tan optimista que creo que habrá escritores para contarlo.

Enrique Vila-Matas

Y precisamente en Vila-Matas piensa mientras se afeita (se hace la barba dirán los elegantes, en evidente contradicción). Por estos días es su escritor de cabecera. Su hombro, su bastón, su pretexto. Su pre-texto.

No es bueno dejar de dormir, pero es peor dormir de día. Y mucho peor si hay sol, o si hay lluvia, o si es domingo, o lunes o cualquier día. No es sano -piensa- el sueño diurno; lo mejor es tomar banho, beber café y salir. Hace planes: caminará, no usará buses ni taxis ni trenes. Nada que lo obligue a mezclarse, a saludar o siquiera a ser decente. Mira por la ventana: gato en el tejado, buen síntoma. Sandalias, jeans, la camisa blanca (sin camiseta), el viento que entra por la espalda y refresca, la invitación a vivir, el bálsamo mientras camina por esa calle de mil carriles. La imitación del bienestar. La penúltima alegría.

Es domingo, ahora lo recuerda, o mejor dicho se lo recuerda el peruano de las artesanías y la niña linda de inconfundible acento (y otras cosas) carioca. Río de Janeiro. Río... que no es río. Camina, camina y camina. Como antes en otra ciudad, como antes bajo otro cielo y con otros miedos y los mismos pies. Un año antes -recuerda- usaba muletas.

Piensa de nuevo en Vila-Matas, en su idea del mestizaje en la literatura y de la inevitable y deseable condición de extranjero. Piensa en Sartre y su tesis de que la poesía después de Auschwitz es un imposible. No está de acuerdo. Si de violencia se trata, si de horrores, si de muerte estamos hablando, entonces la poesía después del edén ya es un imposible; la quijada de burro del primer asesino -según esa idea- prohibe el verso. Caín ganándole la partida a Shakespeare. No le gusta Sartre. En realidad hoy no le gusta ningún filósofo, y piensa en eso al ver la cara de Kant en ese libro,
¿cuánto vale?, porque igual hay que preguntar. Caro.

-
¿sin arroz?
- sin arroz,
-
¿solo carne y ensalada?
- y cerveza, de la mas barata y sin vaso. Y la carne a medio asar por favor. Que aún se queje.
...
Mesero sordo. Imbécil. Media hora, carne quemada, montañas de arroz y cerveza tibia. No dice nada, tampoco come. Paga y sale. En la calle compra un helado. Camina.

¡No me amenace cielo! si va a llover pues adelante, pero no empiece con ese llantito. Para llantitos estaré yo. Para hipos. Para ruiditos. Yo, que conozco el invierno. Y el infierno.

Camina.

La niña santa, tres de la tarde, está a tiempo. Maní, agua y adentro. Argentina, buena. Color, sonido y hasta olor de pueblo. La inocencia perdida. Desfloración teórica. Cine íntimo. Habrá que escribir algo, piensa.

Tenía razón Vila-Matas. Nunca faltará un escribano, un escribiente, un amanuense para este circo. Que impudor, que indecencia. Lo que no habrán será lectores, pero eso no importa. Siempre es igual, como en ciencias, como en matemáticas. Precisamente como en matemáticas, piensa mientras prende el computador.

Todavía hace frío.

viernes, octubre 28, 2005

VEINTICINCO DE OCTUBRE

Puede ser que suene muy desafinado,
es que me desafina el corazón.


Tenía (ya lo dije) las uñas con rayitas, color guayaba. Y el pelo color plata lleno de ondas. Como funciones armónicas, como series trigonométricas de las que enloquecieron a Cantor. Olía a humo, a brasas, a lejía, a hogar. Y tenía siempre las manos tibias. Dueña de una memoria prodigiosa, detallada, minuciosa. Le costaba mucho perdonar. Sabía reír, pero también y sobre todo sabía apretar los dientes. Como yo,... ahora.

Hablaba mucho, como hablaba!, horas y horas y horas, en este momento debe
estar poniendo al día al abuelo. Y él felíz.

No me acuerdo de la última vez que la vi, no importa, pudo ser esta mañana. De pronto en un rato me despierto en la finca y es diciembre, y desayunaremos por turnos, y el chocolate será en agua y en taza grande, y caminaremos varias horas, como minutos, con sol y sin cansancio, y ella asará las arepas y las almojábanas y los pandebonos sin quemarse a pesar de su pobre visión, y mi abuelo la mirará callado (es su modo de quererla), y cuando ella hable será enfática, apasionada y radical en sus posturas, llena de aristas, de prejuicios y de amor. Compleja. Tierna. Contradictoria. Como Whitman, como los lógicos de Campinas. Y nos leerá la biblia, y nos hablará de historia de manera sesgada (su versión de los hechos), y recordará su pasado español, y recordará los caballos de su niñez, y recordará los buenos tiempos, y el mundo será eso: buenos tiempos porque entonces no habrá cumplido aún los ochentayocho de la desventura que se la llevaron este martes impar, este amanecer sin sol mientras yo descifraba signos. Triste martes de lluvias horizontales en esta ciudad infinita donde habitan quince millones de almas que no la conocieron, y donde mañana temprano será de nuevo la vida. Como si nada. Como si nada. Como si no pasara nada.

Hasta luego abuelita. Ojalá ese mundo que figuraba en sus lecturas, de verdad exista. Le deseo eso como deseo que el que aparece en las mías me lleve alguna vez a las certezas y esperanzas que usted lamentablemente no logró transmitirnos. Sordos fuimos. Y ciegos. Racionales puros. Ufanos. Necios.

Hasta luego abuelita. Allá nos vemos.

Hace frío.